El arte de escuchar y ser escuchado

14.03.2017 11:55

por Dharmbir Rai Sharma 

El arte de escuchar es una simple frase, que suena inofensiva, pero que tiene un profundo significado en la vida. La mayoría de nosotros sólo oímos y no escuchamos. Oír no es escuchar. Por ejemplo, uno puede asistir a una conferencia dada por alguien que es un experto en un tema que a uno le interesa. Tan pronto como el orador comience a hablar, la mente impondrá un filtro entre el hablante y el oyente basada en el propio condicionamiento y conocimiento previo. En este proceso, la mente empieza a analizar y diseccionar lo que dice en lugar de prestarle atención. En efecto, la persona escucha su propio ruido y no las palabras pronunciadas por el orador. 

Escuchar es aún más importante en las relaciones personales. Muchos de los problemas en las relaciones de cualquier tipo surgen del hecho de que en realidad no escuchamos lo que la otra persona está diciendo. Imponemos nuestros propios filtros e interpretamos el significado en consecuencia. 

Escuchar implica concederle toda nuestra atención a lo que se dice (o escucha). La mente puede prestarle atención a una sola cosa a la vez. Cuando uno está escuchando algo, no puede haber ningún otro pensamiento ahí. De lo contrario no es posible comprender realmente lo que se está escuchado. Esto es cierto para escuchar lo que sea. Si estamos escuchando una música encantadora, no podemos disfrutar de ella si empezamos a pensar en su composición. El efecto de la música viene de su totalidad y no de las partes que la componen. Las partes por sí mismas no tienen la propiedad de la totalidad. El conjunto tiene una propiedad emergente que lo hace encantador. 

Este aspecto de la escucha no está necesariamente relacionado con la audición en el sentido físico. También podemos escuchar el silencio, porque a veces el silencio puede ser más elocuente que las palabras. Por ejemplo, si estamos sentados en una playa o a orillas de un río mirando el movimiento del agua durante el amanecer o el atardecer, estamos escuchando a la naturaleza. Al igual que en el caso de escuchar música encantadora, se produce la sensación de convertirse en uno con el objeto de nuestra atención. En un sentido abstracto se trata del fenómeno de la fusión o interpenetración. A veces se dice que es como estar perdido en la música o en la naturaleza. Este estado de percepción trasciende la mente e involucra el alma y el corazón. 

Esto nos hace distinguir entre oír y escuchar. La audición es esencialmente una participación pasiva de los órganos de los sentidos físicos, escuchar implica a todo el ser. El sonido es simplemente un conjunto de configuraciones en las vibraciones del aire para que el oído responda. El oído humano puede responder sólo a una pequeña gama de estas frecuencias vibratorias, pero las vibraciones existen fuera de ese rango en ambos extremos. Escuchar incluye responder a todas las vibraciones existentes a través de los aspectos no físicos de la existencia humana. 

Hay otro aspecto de la escucha que no implica nada externo. Se trata de escuchar a nuestra voz interior. Hay momentos en que tenemos lo que se llama inspiración interior o intuición. A veces la intuición puede ser una mejor guía que el pensamiento racional de la mente. La mayoría de las grandes ideas en ciencia y filosofía han sido el resultado de escuchar esta voz interior. 

Escuchar requiere que despejemos la mente de todos los prejuicios e ideas preconcebidas, y le prestemos toda nuestra atención al objeto de la percepción auditiva, al menos por el momento. Esto no es una tarea fácil, pero con un esfuerzo persistente, el hábito puede cultivarse.