La alternativa para educar en igualdad se llama coeducación

26.05.2017 10:03

Uno de los espacios de socialización más importantes al que nos enfrentamos en nuestra vida es el colegio o el instituto

Marian Moreno: “Coeducar es llevar el feminismo al aula para transmitir a nuestro alumnado que un mundo igualitario es posible”

Al sistema educativo hay que dotarlo de herramientas para combatir el sexismo, la violencia, la homofobia, el machismo

Cleia Montesdeoca - Las Palmas de Gran Canaria

 

Desde el Gobierno de Canarias han impulsado la Red Canaria de Escuelas para la Igualdad (RCEI), que se enmarca dentro del programa Educar en Igualdad

La coeducación nace para educar en igualdad. Lejos de roles y estereotipos que fomentan la desigualdad entre mujeres y hombres, se busca una alternativa en la educación que contribuya a erradicar tan pesada losa. El colegio es una de las áreas de socialización más importantes a la que niñas y niños se enfrentan, y sin duda, el profesorado es una pieza clave para contribuir al cambio.

Normalmente, antes de que nazca un bebé, condicionamos su existencia. Si es niño está claro que llevaremos al hospital una sopladera de color azul, y si por el contrario es niña, la sopladera será de color rosa. Reproduciremos la elección cromática al elegir la ropa. Qué duda cabe, el rosa y el azul volverán a estar presentes en sus roperos. Es más, a la hora de elegir los juguetes pasará exactamente lo mismo. Condicionados por la socialización de género se elegirá un balón para el niño y una muñeca para la niña. Eso sin obviar los carritos de bebés y las cocinitas para ellas, y los coches y los muñecos de acción para ellos. Y probablemente, cuando haya que elegir actividades extraescolares, la niña estará apuntada en ballet y el niño en fútbol. Así mismo, las expectativas que tengamos con respecto a su futuro varían también dependiendo de su género. Podríamos seguir enumerando situaciones que revelen el proceso de crianza de una princesita o de un machote. Porque desde antes de nacer los etiquetamos y contribuimos a acrecentar la brecha entre ambos sexos, sustentando los estereotipos y roles que el patriarcado establece. Ana de Miguel Álvarez, filósofa y feminista, estuvo invitada al Congreso de feminismo: Agenda Global que organizó el Instituto Canario de Igualdad el pasado mes de marzo. En su intervención, se propuso descifrar el enigma del porqué de la socialización de género en nuestros días, si “aparentemente ninguna madre o ningún padre reconocen educar a sus hijos e hijas en desigualdad”. Tenemos que ponernos en situación y diferenciar dos tipos de patriarcados, como plantea De Miguel. Ella nos habla de un patriarcado de coacción y otro de consentimiento. El primero legitima una desigualdad manifiesta coartando la libertad de la mujer sin ningún tipo de cuestionamiento. Es reconocer abiertamente la inferioridad femenina. Por ejemplo, que las mujeres necesiten de una autorización de su padre o de su marido para gestionar una cuenta bancaria, firmar un contrato de trabajo o simplemente llevar a cabo cualquier operación, es fruto de este tipo de patriarcado. El segundo al que hace referencia Ana de Miguel es el de consentimiento. En él nos enmarcamos, puesto que a pesar de ser una sociedad que trabaja para la igualdad, contando con leyes, planes programas o políticas igualitarias, se sigue asumiendo por parte de las mujeres esa irrelevancia y sigue existiendo una jerarquía “inexplicable” entre ambos sexos.

 

La coeducación nace para educar en igualdad.

La autora plantea dos momentos importantes a la hora de perpetuar el mandato patriarcal, y los denomina “marca de género” y “marca simbólica”. Cuando hablamos de la marca de género estamos hablando de la perforación a la que cualquier niña, tras nacer, se ve sometida. Los pendientes son la marca de género. Una herida que no cicatrizará nunca, y que para De Miguel significa una intromisión. “La marca física no es nada irrelevante, porque vamos a estar construyendo cómo voluntariamente yo voy a aceptar mi sumisión. […] No es para marcar que ella es una niña, es para diferenciar que los niños que no llevan pendientes de nacimiento no han sido marcados, porque ellos representan el neutro de la especie humana, el Ser que es, que es en sí mismo y no de forma relacional a nadie. Porque lo niños no deben ser confundidos con las niñas, pero entonces en vez de marcarlos a ellos, tú marcas al inferior”, explica De Miguel en su intervención. Otra de las cuestiones que plantea para reflexionar es la “marca simbólica de nacimiento”, a través de la cual, se le pone primero el apellido paterno al bebé, aun pudiendo invertir el orden actualmente. Explica que esto no deja de ser otro mecanismo patriarcal de asunción de inferioridad, que si bien se arrastra desde hace muchísimos años, a día de hoy lo normal es que sea el padre quien anteponga su apellido, perdiéndose a la larga el materno. La autora explica que hasta no hace muchos años, la legitimidad de un hijo la otorgaba el padre, quien le daba su apellido. Aquellos hijos fruto de un affaire extramatrimonial eran hijos ilegítimos. Pueden parecer planteamientos que a priori ni siquiera los consideramos como cuestionables, pero que se antoja necesario pensar en ello y hacer uso de nuestra “conciencia crítica”, como apostilla De Miguel.

 

En Canarias se abre el paso a la coeducación

Desde el Gobierno de Canarias han impulsado la Red Canaria de Escuelas para la Igualdad (RCEI), que se enmarca dentro del programa Educar en Igualdad, para promover la conciencia coeducativa entre el profesorado y el alumnado. Dota también al personal docente de herramientas para trabajar en el aula y así eliminar los estereotipos y roles sexistas -germen de la violencia de género- a través de la coeducación. La RCEI surge como “recurso educativo que pretende coordinar, dinamizar e impulsar el trabajo coeducativo que se está implementando en los centros”.

Según la información que se facilita desde la Consejería de Educación y Universidades del Gobierno de Canarias, 96 centros educativos se sumaron a esta iniciativa en el curso 2014/2015. Esto supone un pequeño paso para la comunidad educativa y la Administración, pero un gran paso para la sociedad y la lucha contra la violencia de género. La educación es la mejor arma para combatir la desigualdad, desaprender el modelo tradicional e incorporar nuevos conceptos que nos ayuden a conseguir una igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres.

El cambio hacia la igualdad empieza en las aulas

Uno de los espacios de socialización más importantes al que nos enfrentamos en nuestra vida es el colegio o el instituto. En este ámbito, el profesorado tiene un peso importante en la educación de los y las estudiantes. Y sin duda, uno de los retos a los que se enfrentan –o deberían enfrentar-, es al de educar en igualdad. Educar lejos de mandatos sociales, de estereotipos y roles, de ideas preconcebidas. Educar en igualdad ha de ser un objetivo común en toda la comunidad educativa. Si bien, es igual de importante que quienes se encarguen de impartir docencia reciban la formación pertinente en género e igualdad, ya que ésta es prácticamente nula y en cualquier caso optativa. Otro de los baches en materia de género que podemos encontrar en las aulas son los libros de texto. Y es que no es casualidad ver por las redes denuncias por el contenido machista de los libros, en los cuales puedes encontrarte estereotipos y roles transformados en ejercicios, fragmentos de texto para analizar, etc. Al sistema educativo hay que dotarlo de herramientas para combatir el sexismo, la violencia, la homofobia, el machismo. Debería de ser un aliado para acabar con la sociedad patriarcal en la que vivimos. Desde las aulas se pueden cambiar muchas cosas, y una de ellas ha de ser la violencia contra las mujeres. Hoy en día se ven más casos de violencia a edades tempranas. La influencia de determinados programas de índole sexista está haciendo mella en la juventud y es necesario cambiar el rumbo para llegar al puerto de la igualdad y de los buenos tratos.

 

Dentro del movimiento feminista hay docentes que trabajan para alcanzar la igualdad real y efectiva.

Así mismo, dentro del movimiento feminista hay docentes que trabajan para alcanzar la igualdad real y efectiva. Desde estas líneas quiero hacer mención especial a Marian Moreno Llaneza, profesora y feminista, que trabaja por la consecución de la igualdad desde las aulas, en donde no solo imparte su materia, sino que pone en práctica la coeducación, derribando mitos y estereotipos del patriarcado que imposibilitan la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres. Marian se dedica también a formar al profesorado en materia de igualdad, puesto que como transmite en uno de sus artículos publicados, “no hemos tenido una educación que nos permita analizar el sexismo que nos rodea, pocas personas han estudiado sus propios estereotipos y la transmisión que de ellos hace en las aulas”. Sin duda, la perspectiva de género ha de estar presente en la práctica de la docencia, puesto que una mala interpretación conduce al tratamiento erróneo de la violencia y discriminación que sufren las mujeres, con lo que eso conlleva.

Esta profesora asturiana aborda desde varios artículos el “por qué coeducar”. El motivo principal es el de conseguir que todas las personas tengan las mismas oportunidades y que no carguen consigo la discriminación por cuestión de sexo. Establecer un modelo coeducativo dependerá de la voluntad del profesorado, así como de su nivel de implicación en materia de igualdad. Uno de los aspectos que recalca Marian es la participación de la familia al mismo nivel que el de los y las docentes. Es sin lugar a dudas una buena manera de combatir los mensajes sexistas que llegan desde los medios de comunicación, la televisión, el cine, la publicidad, etc., al estudiantado. Como plantea esta profesora, es igual de importante visibilizar el lenguaje no sexista y también fomentar la “conciencia crítica” en el alumnado. Enseñar a analizar su entorno con una perspectiva de género se torna necesario, ya que de esta manera serían capaces de identificar conductas o estereotipos propios de un mundo claramente machista y patriarcal. Marian Moreno Llaneza ha respondido a una serie de preguntas planteadas para ahondar un poco más en la realidad de los centros educativos y también para aclarar conceptos que giran alrededor de la coeducación:

Pregunta obligatoria, ¿qué es la coeducación?

Existen muchas definiciones de coeducación, pero a mí la que más me gusta es la forma de educar equilibrando las carencias con las que llega nuestro alumnado al aula por culpa del sexismo que todavía sufrimos. Así, hay carencias en las niñas respecto al liderazgo, pero en los niños las hay respecto a la ética de los cuidados, etc. También podemos decir que coeducar es llevar el feminismo al aula para transmitir a nuestro alumnado que un mundo igualitario es posible.

 

Marian Moreno.

¿De dónde surge la idea de coeducar?

Podríamos remontarnos a las primeras mujeres que reivindicaron la educación para las mujeres, pero más en concreto el término de coeducación, como lo conocemos hoy, surge en la Segunda República, con una serie de maestras innovadoras que creían firmemente en la igualdad de oportunidades para mujeres y varones. Después hay que esperar hasta los años 80 para ver resurgir a la coeducación, con las grandes maestras, como María José Urruzola, Marina Subirats, Amparo Tomé, etc.

¿Por qué es necesario implantarla?

Porque todavía tenemos una sociedad sexista, porque nuestro alumnado está inmerso en una cultura discriminatoria y es imprescindible que tengan un sentido crítico ante el sexismo, porque la escuela todavía necesita una revisión profunda con perspectiva de género, porque el profesorado necesita formarse para llevar la igualdad a las aulas, porque la verdadera prevención de la violencia machista está en las aulas con la coeducación.

¿Cuál es la realidad de los centros educativos al respecto? ¿Hay centros que coeducan?

En realidad podemos decir que hay profesorado que coeduca, pero centros al completo, con la coeducación estructurada y sistematizada conozco muy pocos, puedo nombrar a aquellos que, por ejemplo, en Asturias han estado inmersos en un proyecto de coeducación para educación infantil. Pero, por lo general, lo que tenemos es un grupo de profesorado que intenta coeducar incluso frente a los obstáculos que se encuentran en su propio centro educativo.

¿Es el ámbito educativo la mayor área de socialización a la que se enfrentan niños y niñas? ¿O habría que coeducar en otras áreas? ¿La familia?

Lógicamente, la socialización desde la infancia se produce en diferentes ámbitos: familia, iguales, vecindario, medios de comunicación, etc. La escuela es un ámbito más, pero lo que tengo claro es que el ámbito educativo está dentro de nuestro radio de acción y, por lo tanto, no podemos dar la espalda a la igualdad. No se puede asegurar que en todas las familias se eduque en igualdad, pero sí se podría asegurar que lo hicieran todas las escuelas, depende las prioridades de nuestras autoridades educativas.

¿Qué le diría a las madres y a los padres que no entienden esta propuesta?

En todos mis años de docente, nunca me he encontrado con ninguna familia que no compartiera que los chicos y las chicas tengan las mismas oportunidades en la vida, la verdad es que escuela y familia trabajamos por el mismo objetivo: la felicidad de la siguiente generación; por lo tanto, lo único que tengo que decir a las familias es que queremos trabajar por niñas y niños que crezcan en igualdad.

¿Qué situaciones de desigualdad más frecuentes se suele encontrar en las aulas?

Las situaciones cambian dependiendo de la edad del alumnado. Las que son comunes a todas las edades son las referentes a los estereotipos sexistas,  aquellos que marcan lo que puedes o no puedes hacer dependiendo de si eres niño o niña. Después, ya en Secundaria, encontramos las primeras relaciones afectivas y sexuales y con ellas encontramos síntomas de violencia de género. Las chicas desconocen esos síntomas, los minimizan, no les dan la importancia que tienen y los chicos entienden las relaciones como relaciones de poder. Estas ideas son contra las que luchamos. Hay situaciones de discriminación hacia aquellos chicos que no cumplen con la masculinidad tradicional, basada en el poder y en la violencia. Hay discriminación en la aceptación acrítica de los estereotipos a lo que ayudan, por cierto, los materiales que son llevados al aula sin un criterio de igualdad.

¿Y cuál es la acogida del estudiantado? ¿Cuál es su opinión acerca de este fenómeno?

Por propia experiencia, puedo decir que el alumnado recibe muy bien todo lo que tiene que ver con la igualdad, porque supone llevar al aula las cosas que les interesan y que les preocupan: su postura personal en el mundo, su relación con las otras personas, sus ideas de masculinidad y feminidad, su posicionamiento ante la igualdad, etc. Cuando se empieza el curso, las ideas que encontramos son muy tópicos, estereotipadas, en ocasiones, contrarias a la igualdad, por eso mediante proyectos significativos y motivadores debemos saber llevar a nuestro alumnado a posicionamientos de igualdad en la vida.

En cuanto al profesorado, ¿cuáles son sus impresiones? ¿Ve necesario coeducar o encuentras algún tipo de oposición?

Entre el profesorado, como en cualquier colectivo, se encuentra de todo. Hay una pequeña proporción de profesorado que se muestra totalmente contrario a la igualdad, pero son minoría, no se puede gastar mucha energía en ellos. Luego, la mayor parte lo que tiene aún es desconocimiento sobre la coeducación, no es que no la vean útil es que no está formado ese profesorado ni para pensar en la igualdad. Hay que tener en cuenta que la igualdad no forma parte de nuestra formación inicial y eso es una carencia que debería solucionarse inmediatamente en todas las carreras universitarias que van dirigidas a la enseñanza. De todas formas, en todos los centros educativos hay alguien que coeduca y, en muchas ocasiones, se nos une esa parte del profesorado que no se lo había planteado. La necesidad más inmediata es la formación permanente del profesorado en coeducación, solamente así podremos generalizar la igualdad en las aulas.

He leído en algún artículo suyo la necesidad de visibilizar a las mujeres en el lenguaje utilizando el “as/os” en lugar del genérico masculino. ¿Por qué lo plantea como un punto importante a la hora de coeducar? ¿Qué  herramientas ve necesarias para combatir el lenguaje sexista?

El lenguaje es un punto importante de todo lo que queramos hacer en igualdad, no es un tema baladí como alguna gente quiere hacer creer. Entendemos el mundo mediante el lenguaje, solo existe lo que se nombra, representamos nuestra propia experiencia gracias al lenguaje y nos relacionamos por el lenguaje ¿cómo no va a ser importante? No existe un genérico masculino, existe un género masculino que invisibiliza a la mitad de la humanidad. Las herramientas para combatir el lenguaje sexista serían las mismas que las que se necesitan para que la coeducación sea una realidad en las aulas de forma sistemática: voluntad política de prevenir la violencia machista, formación del profesorado en igualdad, planes de igualdad con recursos que ayuden a dar una estructura a todas las iniciativas, revisión de los materiales que llevamos al aula, etc. No podemos quedarnos en grandes palabras cuando hay elecciones y necesitamos los votos, necesitamos gente en la política que de verdad mire a la escuela y vea la necesidad de que ésta se dote de todos los recursos necesarios para ser espacios de igualdad y de prevención de la lacra social que es la violencia machista.

Una alternativa real a la educación machista

La coeducación se erige como única alternativa a la educación “tradicional”. Es necesaria porque hay que cambiar los moldes de esta sociedad machista. La labor de las mujeres en la Historia, el uso del lenguaje no sexista o dotar de perspectiva de género al estudiantado son cuestiones fundamentales que tienen que formar parte de su currículo escolar. Crear conciencia crítica que permita a estudiantes –desde educación infantil hasta la Universidad- analizar e identificar los roles y estereotipos sexistas que perpetúan la desigualdad. Si bien, el trabajo tiene que ser orquestado desde distintas partes de la sociedad, se necesita la implicación de las administraciones públicas, de los medios de comunicación y de la sociedad en general. El ejemplo lo encontramos en la programación televisiva que un porcentaje considerable de adolescentes y jóvenes consume. De poco sirve el trabajo que se realiza en las parcelas de la comunidad que han asumido la responsabilidad de visibilizar la lucha de las mujeres, si por otro lado están continuamente bombardeando a la población joven con mensajes sumamente sexistas.