ORIENTACIÓN VOCACIONAL. PROPUESTA DE UN INSTRUMENTO DE AUTOORIENTACIÓN

28.02.2017 14:01

En la actualidad, la función docente se ve impregnada de un creciente número de tareas relacionadas con la acción orientadora, especialmente importantes debido a dos motivos fundamentales: por un lado, las nuevas expectativas generadas sobre el Sistema Educativo en una realidad cambiante como la que vivimos que demanda una mayor conexión de la oferta educativa con el mundo laboral; por otro , la propuesta educativa, formulada al hilo de los más innovadores paradigmas psicopedagógicos, refuerza, de manera muy significativa, la función orientadora en el ámbito de los centros escolares que empiezan a potenciar los departamentos de orientación que tendrán que dinamizar un currículo con un alto grado de diversificación que ofrece la posibilidad de decidir atendiendo a intereses, aptitudes y rendimientos para enfocar, desde el desarrollo de la carrera, la futura ocupación profesional.

Dadas las características socioculturales y la amplia gama de itinerarios formativos a seguir, se hace necesario elegir bien desde las múltiples posibilidades de información disponibles. Así se justifica el importante papel de la acción orientadora, especialmente en su dimensión vocacional. En las siguientes páginas proponemos un instrumento para la autoorientación que conjuga tres variables importantes en el desarrollo de la carrera –intereses, aptitudes y rendimientos- desde una revisión del concepto, de las teorías, de los modelos y de los programas de orientación vocacional.                 

 

 

LA ORIENTACIÓN VOCACIONAL

 

La orientación actual tiene sus orígenes en la orientación vocacional, profesional o para el desarrollo de la carrera, que surge como necesidad de facilitar a los alumnos la información necesaria para su adecuada inserción en el mundo del trabajo. Desde sus orígenes hasta la actualidad ha experimentado cambios significativos y ha pasado de ser una acción puntual a ser una acción permanente integrada en la dinámica educativa de los centros justificada, entre otros autores, por Moreno (1987: 70) que afirma que “el mismo hecho de ofrecer consejo puntual en una entrevista al final de los estudios comporta serios peligros, reduce la identificación de la persona con sus decisiones, el esfuerzo que puede poner en la elección de ocupación y la satisfacción que puede obtener en su trabajo, además de alejar al individuo del sentimiento que tiene de control de su propia vida”. La orientación profesional se sitúa, desde este planteamiento, entre las principales medidas que permitirán al sistema educativo alcanzar algunas de sus finalidades más importantes.

 

Álvarez et Ali (1992: 19) nos sitúa en una aproximación al concepto: “Se considera la orientación vocacional como una necesidad esencialmente humana, de contenido educativo, a través de la cual se decide un proyecto de vida formativo o profesional, realizado por medio de una secuencia de opciones o elecciones que se van planteando ante la necesidad de interpretar las cuestiones fundamentales de la vida, y todo ello enmarcado en los contextos familiar y ambiental”. Por otra parte, Álvarez e Isús (1998: 234) proponen las características comunes del término definido por distintos autores: “ proceso de ayuda, con carácter mediador y sentido cooperativo, dirigido a todas las personas en período formativo, de desarrollo profesional y de tiempo libre -ciclo vital-, con la finalidad de desarrollar en ellos aquellas conductas vocacionales -tareas vocacionales- que le   preparen   para la   vida   adulta   en   general   y activa en particular -preparación para la vida-; mediante una intervención continuada, sistemática, técnica y profesional, basada en los principios de prevención, desarrollo e intervención social; con la implicación de agentes educativos y socio-profesionales, es decir, la orientación profesional asume como meta o finalidad última el desarrollo de la carrera del individuo a lo largo de toda la vida”.

Así pues, la educación vocacional supone el conocimiento de sí mismo, de las ofertas educativas y los itinerarios académicos, del mundo del trabajo y la integración de todas estas informaciones que permitirán al propio alumno tomar las decisiones más adecuadas.

Para facilitar estas tareas, y dado que la orientación vocacional requiere el desarrollo de determinados aprendizajes, conviene sistematizar el proceso orientador e integrarlo en el currículo teniendo en cuenta las intenciones educativas del mismo, las capacidades expresadas en sus objetivos, el contexto en el que se desarrollan los procesos, las características evolutivas de los destinatarios, los condicionantes personales de cada uno de los alumnos.

Para lograr un mayor grado de eficacia en la orientación vocacional, el alumno debe ser el protagonista de los procesos y deberá implicarse de forma activa en sus aprendizajes llegando a establecer el mayor número posible de dinámicas de autoorientación, a través de las mediaciones pertinentes, con el fin de desarrollar una labor preventiva que permita anticipar las consecuencias de las elecciones.

 

 

EL DESARROLLO DE LA MADUREZ VOCACIONAL

 

La orientación vocacional tiene carácter procesual y por tanto supone dar pasos diferenciados a lo largo de las distintas etapas con el fin de alcanzar un alto índice de madurez vocacional.

 

Para Super (1963) [1] "la madurez vocacional es percibida como la habilidad del individuo para hacer frente a las tareas necesarias para la carrera durante una etapa particular de la vida. Esta habilidad se evalúa comparándose con otros individuos que se están enfrentando a las mismas tareas en el mismo período vital".

Esta idea nos remite al aprendizaje vocacional al referirse a habilidades que se aprenden "en él y para el" desarrollo de la carrera.

El MEC (1992:113) matiza, ampliando esta idea, al apuntar que el término madurez vocacional es "la capacidad de decidirse en lo que concierne al rol que se desea tener en la sociedad, a través de una determinada profesión incluyendo actitudes hacia la toma de decisiones, comprensión de la demanda laboral, actividades de planificación y desarrollo de capacidades vocacionales, además de la propia elección vocacional".

En ambas concepciones se adivina el carácter evolutivo del desarrollo vocacional al estar estrechamente vinculado al desarrollo personal. La vocación como inclinación a la carrera se perfila a lo largo de un proceso madurativo que supone recorrer itinerarios en los que dar diferentes pasos a lo largo de las distintas etapas de la formación del ser humano; a lo largo de toda la vida. Las opciones se irán reforzando desde un mayor conocimiento de las propias posibilidades y de las posibilidades del entorno con las que el individuo tiene que interactuar.

En este sentido, la madurez vocacional va a estar significativamente influida por los contextos socioculturales que generan expectativas sobre los sistemas de formación y sobre los individuos, a la vez que les ofrece una amplia gama de posibilidades de integración social desde el desarrollo de la carrera, lo que hará especialmente importante la oferta orientadora encaminada a optimizar las elecciones de los individuos en consonancia con los intereses, las capacidades y el rendimiento personales.

La orientación vocacional se ha ido convirtiendo en uno de los objetivos prioritarios de un sistema educativo que apuesta por la diversidad y que ofrece importantes cauces de atención individualizada en el desarrollo de los procesos educativos e impregna los currículos de elementos tendentes a facilitar la orientación vocacional. Así se propone una variedad importante de asignaturas optativas entre las que tendrá que haber al menos una de iniciación profesional como, por ejemplo, Transición a la vida adulta y activa; variedad en los itinerarios formativos iniciados en la Educación Secundaria Obligatoria y continuados en Bachillerato, lo que convierte a los docentes, como agentes de diseño y de desarrollo curricular, en colaboradores destacados de la implementación de los programas de orientación vocacional en los centros y nadie mejor que ellos para valorar, de forma ajustada, la adecuación entre los intereses, las aptitudes, el rendimiento y las opciones académicas y profesionales realizadas por los alumnos.

 

Miguel Ángel Blanco Blanco

José Antonio Frutos Martín

ÀLVAREZ ROJO, V. (1991). ¡Tengo que decidirme! Sevilla: