Prevención Psicológica

03.04.2017 11:18

Considerando el comportamiento como el regulador de los efectos del ambiente sobre el organismo, las acciones de prevención están determinadas por el comportamiento que muestra el individuo en una situación determinada, comportamientos que con base en sus resultados pueden considerarse como preventivos o de riesgo.
Al hablar de prevención, Ribes (1990c) acierta al decir que todo tipo de acción preventiva, requiere de la participación del individuo actuando, es decir, todo programa preventivo esta dirigido al cambio de comportamientos que representen un riesgo para la salud.
Resulta claro entonces que para el abatimiento de los problemas de salud se necesita de una estructura que establezca el tipo y grado de las acciones preventivas que se deben tomar. Actualmente, existen programas sociales de prevención, los cuales consideran la proliferación de ambientes físicos que impiden la adquisición de alguna patología, por ejemplo, lavar frutas y verduras, el mantenimiento de un drenaje en condiciones optimas o bien su establecimiento, la potabilización de agua, etc., que favorezcan un desarrollo biológico libre de patología (Ribes, 1990c).

Desde la perspectiva psicológica de la salud, los tres niveles de intervención para la prevención de comportamientos de riesgo, son los siguientes:
Primario. Las acciones de prevención primaria forman parte de las prácticas vinculadas a la vida cotidiana previas a la aparición de riesgos biológicos. Lo que se busca es dotar a los individuos sanos de todas aquellas habilidades y destrezas que le permitan enfrentar con éxito las diversas actividades que enfrentan a diario. Algunas acciones preventivas de este nivel corresponden en desarrollar estilos de vida que reduzcan la propensión a condiciones de vulnerabilidad biológica, la promoción de comportamientos alternativos a aquellos que inducen riesgos para la salud, el adiestramiento en la evitación de accidentes y la adquisición de comportamientos que prevengan la muerte o lesiones en desastres naturales.
Secundario. Este tipo de acciones preventivas entran en acción una vez desarrollada la enfermedad, cuando ésta se encuentra en sus inicios o cuando se es propenso a desarrollar alguna patología biológica, es decir, la población ya no es una población sana sino una población altamente vulnerable o con una enfermedad crónica que se encuentra en sus inicios, o con cualquier otra enfermedad susceptible de agravarse, en donde los daños aún son reversibles en la mayoría de los casos. En este nivel la intervención consiste: en reconocer los indicadores de riesgo o patología, lograr el acceso al servicio médico pertinente, la adherencia a las prescripciones terapéuticas y preventivas, y en adquirir las competencias que le permitan al paciente acudir oportunamente al servicio médico. Cabe hacer notar que este nivel, al igual que el tercero, se considera preventivo en la medida en que impide el avance de la enfermedad.
Terciario. Este nivel corresponde a los niveles segundo y tercero del modelo biomédico. Desde el punto de vista psicológico, este nivel se aplica cuando existe una condición patológica que ha evolucionado produciendo daños irreversibles o parcialmente reversibles. Las acciones que corresponden a este nivel son de índole conductual y corresponden a: implementar el comportamiento de adherencia terapéutica, la eliminación de comportamientos que interfieren con la eficacia de los tratamientos biomédicos, reducción de las reacciones de estrés y  la emisión de comportamientos que favorezcan los procesos de rehabilitación. En realidad este nivel está encaminado a la prevención en el deterioro acelerado del individuo con un cuadro patológico grave en donde existe una alta probabilidad de muerte.