¿DERECHOS HUMANOS PARA TODOS? NO ES VERDAD

11.06.2018 11:00

 

¿Derechos Humanos para todos? No es verdad

Dra. Florinda González Villafuerte. IBERCIENCIA, Comunidad de Educadores para la Cultura Científica. Tapachula; Chiapas, México.


El “sueño” más que inspiración de la UNESCO en cuya Constitución se establece que para poder alcanzar una cultura de paz se requiere primero una cultura de los derechos; conocer los derechos del otro y respetarlos hará que este mundo sea menos confuso y más grato. Entonces me pregunto ¿Por qué nos ensañamos con el que consideramos diferente? ¿Como docente qué estoy dejando de hacer que no puedo evitar esos desórdenes áulicos ante la presencia de un alumno que rompe “lo normal”? ¿Es ignorancia, es indiferencia?

Artículo 1.- “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.”

Artículo 2.- “Toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.”

Artículo 3.- “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.”

Los anteriores son artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

“Es a partir del respeto y promoción de los derechos humanos y la valoración de la diversidad, que estaremos en mejores condiciones para lograr una cultura universal de los derechos y alcanzar mayores y mejores niveles de desarrollo.”(Jorge Sequeira, 2008).

Es a esta diversidad que encontramos en las aulas a las cuales nos debemos y tenemos la obligación de propiciar ambientes de trabajo que promuevan su autonomía, su libertad y no que sientan a la escuela como una jaula en donde tienen que estar marcando sus áreas de acción o reprimiendo su comportamiento porque “es ofensivo” a los demás.

Llegar a orientar a este adolescente ya sea hombre o mujer que está en pleno cambio biofisiológico, que trata de reconocer ese cuerpo que antes era de niño y se está convirtiendo en un cuerpo de adulto con sensaciones nuevas y con especificidades que le causan temor porque vislumbra que “no son las adecuadas” o que no son las que se espera como normal según las reglas o códigos de una sociedad que dicta el comportamiento humano y yo, docente, ¿qué le voy a decir? ¿Cómo articular una serie de frases que no le vayan a provocar un mayor desaliento? ¿Si soy de sus maestros el que tuvo la suerte de tener su mayor empatía y me hace su confidente, qué le digo si soy consciente de mi ignorancia en el campo de la psicología del adolescente, cómo guardo para mí esos tabúes que también permean en mi formación, producto de mi propio desarrollo en esta sociedad?

Es sorprendente el número de países que aun siendo considerados de primer mundo presentan una considerable falta de voluntad en respetar los derechos de los individuos que se declaran finalmente “diferentes” a lo que se considera “normal”; sin embargo desde la simplicidad de mi “yo” también soy cómplice por tener un foro que puede multiplicar el respeto a la diversidad y no lo utilizo bien sea por indiferencia o por algo igual de grave: por ignorancia.

Somos el producto de una construcción cultural que reprime, castiga, estigmatiza, destruye socialmente al diferente, se promulgan leyes para criminalizar lo que el hombre aun no puede entender o de lo que en su interior tiene miedo de ser; la discriminación de que son objeto al que consideran anormal empieza a partir de que aparece su orientación sexual o bien su identidad de género y es precisamente en la escuela de nivel medio en donde encontramos el mayor número de casos de discriminación, quedando fuera de contexto el que los seres humanos deben comportarse fraternalmente los unos con los otros; pero de esto los docentes no nos ocupamos o no lo hacemos como debiéramos, alegamos falta de tiempo aunque es más bien falta de sensibilidad para darnos cuenta de que ahí hay un problema que se hará más grande en la medida de que no nos ocupemos.

A nivel macro hay organismos que se han ocupado de proteger a las personas que son atacadas por ser de diferente religión, diferente raza, diferente forma de pensar, discapacidades, enfermedades, ampliándose a aquellos grupos denominados LGBT (lesbianas, gay, bisexuales y transgéneros). Según un estudio realizado por la ONU en 2010, más de 70 países criminalizan a los homosexuales; sin embargo a nivel micro (escuelas, iglesias, hogares, municipios) se puede ser más efectivo propiciando multiplicar acciones que deriven en el respeto a la diversidad.

En México según un estudio realizado en la UAM Unidad Xochimilco por Luis Ortiz Hernández y Reyna Guadalupe Valencia Valero en 2014, analizando la base de datos de la Segunda Encuesta Nacional sobre Exclusión, Intolerancia y Violencia en las Escuelas de Educación Media Superior en sus diferentes modalidades de Bachillerato General, Tecnológico y Profesional Técnico, documentaron las disparidades en salud mental relacionadas con la discriminación por orientación sexual encontrando que “los adolescentes presentan síntomas depresivos, ideación e intento de suicidio y consumo problemático de alcohol que puede ser el producto del clima cultural, caracterizado por la intolerancia a las formas no dominantes de sexualidad y expresión de género”.

Es en este ámbito de nuestra competencia; la escuela, en donde se deben de proponer actividades desde la Integralidad, la Interdisciplinariedad y desde lo holístico, el hecho de tener en nuestro campo de estudio bien sea la matemática, la física, la química, la filosofía o cualquier otra rama de la ciencia no es limitativo, por el contrario esto es enriquecedor si conjuntamos acciones para un mismo fin; es fundamental entonces que se comparta un código de ética del profesorado con respecto a la discriminación de género, evitar entrar con los alumnos en la fase de amigos no por el hecho de ser los “maestros” sino para no caer en las tentaciones del uso de un lenguaje inadecuado con ellos, llevar lecturas que los conecte con la discriminación de género y la discriminación en general, confrontarlos con ellos mismos para que se reconozcan si tienen algún tipo de prejuicio y digan el porqué, siempre conocer las causas nos lleva a encontrar la solución. Desafortunadamente son muchos los jóvenes que se han sentido responsables por su orientación sexual debido a la desinformación y confusión que rodea este tema.

Otras acciones serían ver películas en donde el tema de los adolescentes y sus problemas son tratados de forma seria, no trivial; esta etapa es crucial para todos, aparecen las primeras manifestaciones de la personalidad ante el otro, se pone más cuidado en la vestimenta, las actitudes, la atracción es física, emocional, erótica, afectiva, espiritual, la forma en cómo se “ven” ya no es solo para sí mismo sino para los demás o alguien particular, hay problemas de obesidad, de anorexia, de bulimia, etc. Llevar la película vista a un plano de reflexión y analizar el enfoque que tuvo identificando si hubo o no discriminación y cómo lo podrían tratar desde la mirada de ellos, bien sea de forma personal o en equipos, semblantear las respuestas, discutir los problemas encontrados, masificar las respuestas con otros grupos.

Planear desde la interdisciplinariedad un ciclo de conferencias que abarque: Derechos Humanos, Discriminación de género, Discriminación Racial y Discriminación Religiosa, que tanto el grupo de docentes y alumnos sean participativos y aprovechen la oportunidad de resolver sus dudas a partir de la presencia de expertos.

 Los docentes no debemos ser omisos, no es válido caminar con una ceguera selectiva y pretender que aquí no pasa nada, la indiferencia y la ignorancia no son cualidades del ser docente, negar cualquier clase de discriminación en el aula es alimentar un caldo de cultivo que finalmente no podemos obviar y le estamos negando al individuo el derecho a ser libre, a ser respetado, a defender su dignidad, su forma de pensar, su pleno derecho a la vida.

Dice Claudio Magris en su obra La mirada humana: “La existencia específicamente humana comienza con el reconocimiento de nosotros mismos por otro ser humano. Sin inter subjetividad, sin sociedad, no existe humanidad”

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